viernes, 1 de junio de 2012

Aprender con el ábaco

(El Universal, martes 22 de mayo, 2012)


En momentos en que en Europa las aulas se llenan con pizarras electrónicas, los laptops relevan a los tradicionales cuadernos  y los libros de texto han cedido el  paso a las licencias digitales,  no deja de sorprender la atención que ha recaído sobre un pequeño adminículo casi artesanal y rudimentario: el ábaco.

Concebido en Egipto unos quinientos años antes de Cristo, el sistema, que permite efectuar  cálculos a partir de bolitas ensartadas en distintos alambres, ha sufrido diversas modificaciones, dando origen al Saun-pan chino, al Soroban japonés o al s´choti ruso. Tal y como lo conocemos en la actualidad, comprende diez columnas con dos bolitas en la parte superior y cinco en la parte inferior.

Estudios desarrollados por la Sociedad China de Investigación Práctica del  Ábaco y la Asociación de Aritmética Mental de Taiwán, sugieren que la utilización de este instrumento tiene una favorable influencia en el desarrollo de la creatividad, la imaginación, el pensamiento holístico y la transmisión de la información, capacidades todas ellas  asociadas al hemisferio derecho del cerebro.


 En efecto, a partir del 2008 ha venido implementándose en distintos países el programa basado en el Concepto Universal del Sistema de Aritmética Mental, conocido como UCMAS, por sus siglas en inglés. Este método, enfocado fundamentalmente en niños de edades comprendidas entre los cinco y los trece años, se desarrolla a lo largo de unos ocho trimestres, empleando unas dos horas por semana, y se basa sencillamente en la resolución de operaciones aritméticas a través del ábaco, con una precisión y rapidez semejantes a las empleadas en hacerlo con lápiz y papel. Su auge ha permitido que se inserte como parte del currículum ordinario de los estudiantes, pero también ha comenzado a ofrecerse como actividad extra-escolar.

El empleo del ábaco demuestra ser muy eficaz para el aprendizaje del cálculo,  pero reporta infinidad de beneficios adicionales, entre los  que se cuentan  el desarrollo de la memoria auditiva, que se ejercita cuando se  retienen las operaciones que va indicando el profesor en voz alta, la habilidad para la resolución de problemas, el aumento de la concentración y la atención, así como el incremento de la capacidad de visualizar, de “pensar en imágenes”, que tiene lugar  cuando en cierta etapa del método se suprime el ábaco físico y el estudiante  comienza a efectuar las operaciones a partir de representaciones imaginarias.


Es verdad que la aplicación de este método suone la necesidad de personal entrenado, y que resulta deseable la participación activa de los padres en la práctica de las operaciones, con una inversión de tiempo y energía que no siempre es posible, pero los beneficios que genera compensan con creces el esfuerzo. 


El ábaco es ligero, pequeño, manipulable. Su costo resulta accesible y no requiere de electricidad u otras fuentes de energía, lo que permite su empleo en cualquier lugar. Puede ser utilizado por personas con disminución visual y favorece la destreza manual.


Cada recurso didáctico tiene su propósito específico, un momento oportuno para ser empleado y genera unos resultados particulares. pero, si se parte del principio de que la educación debería procurar, ante todo, el feliz desenvolvimiento del indiciduo en su medio, lo cual a su vez demanda una contínua adaptación, esto es, un continuo aprendizaje, deberían aprovecharse todas las estrategias que, como el ábaco y el ajedrez, desarrollan los procesos de pensamiento que eprmiten acceder a la información y organizarla, y que, ocasionando menos erogaciones que otros materiales educativos, contribuyen a mejorar el rendimiento escolar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario