viernes, 13 de julio de 2012

Pintura y Guzmanato

Suplemento Cultural del diario Últimas Noticias. Caracas, 5 de marzo de 1995, pp 4-5



Antonio Guzmán Blanco
De los periodos en que suele dividirse la historia del arte en Venezuela, el que corresponde a la segunda mitad del siglo XIX ha sido objeto de investigación, en sucesivas oportunidades, por parte de numerosos investigadores.


Diversas razones justifican esta inclinación, que pueden ser organizadas en tres registros diferentes. En primer lugar, es en esta época que se retoma la actividad artística después del prolongado cese impuesto por la Guerra de Independencia, Igualmente, el apoyo que diferentes personajes e instituciones brindarán a los artistas, tanto en calidad de comitentes como en calidad de patrocinantes de su formación , redundará en el auge de la actividad pictórica. Esta actividad artística, represada durante un largo tiempo,  alcanzará ahora un prolífico desarrollo que brinda abundante material  digno de análisis en múltiples sentidos.


En segundo lugar, es un período en que la pintura venezolana cobra reconocimiento internacional, por lo que ha querido exaltarse la destacada participación  de los pintores nacionales en el marco  de eventos de alto nivel celebrados en las últimas décadas del siglo pasado.


Finalmente, es durante esta etapa cuando comienza a signarse la obra de arte con la impronta local,  generalmente a través del motivo representado, aun cuando el tratamiento responda a cánones foráneos. En este sentido, las obras del periodo pueden considerarse testimonios documentales que ofrecen valiosa información tanto a nivel icónico como a nivel socio-histórico, al revelar no sólo la apariencia de los motivos representados, sino también un modo de pensar que se traduce en el tema, ya seleccionado voluntariamente o impuesto por el comitente, y en las características de la representación.


La producción pictórica venezolana de las ultima mitad del siglo XIX se halla estrechamente vinculada con los procesos políticos y sociales que tenían lugar para aquel entonces. Es por ello que resulta indispensable la descripción del contexto  en que se gesta dicha producción, a fin de comprender las tendencias  que se van a  manifestar durante este periodo, así como para identificar  ciertas influencias que van a evidenciarse.


Durante la primera mitad del siglo XIX Venezuela se había convertido en una de las colonias más prósperas del Imperio Español en América, gracias a la explotación del cacao. Paralelamente a la actividad económica hubo una intensa vida cultural. Noriega (1979) cita las obras de Humboldt y Semple, que se refieren a la cortesía, los buenos modales, el gusto exquisito, el conocimiento de los maestros italianos y franceses de la literatura y el gusto por la música que caracterizaban a los caraqueños.


Señala Boulton (1987) que hasta 1810 la actividad pictórica había estado auspiciada por la Iglesia, amoldándose, por ende, a los fines religiosos, y que las representaciones se realizaban de acuerdo a reglas  específicas que limitaban a los artistas a modelos arcaizantes. Uno de los efectos más resaltantes de la Emancipación sobre la cultura será, precisamente, el de la superación de ese arte circunscrito casi exclusivamente a lo religioso, lo que significará no sólo la ampliación de la temática pictórica, sino también la libertad del autor para representar cada tema según su visión específica y no de acuerdo a cánones o normas pre-establecidas.


El rechazo hacia el arte religioso que había prevalecido hasta entonces se deja sentir en las consideraciones de Ramón de la Plaza, uno de los más destacados críticos del siglo XIX, en opinión del cual estaba desprovisto de todo sentido estético, bien por no ajustarse a las normas académicas, bien por tratarse de manifestaciones de una cultura "atrasada" o "primitiva".


Algunos autores (Díaz, 1994)  sugieren que esta ruptura del arte con lo religioso se prolongaría, favorecida por las manifiestas diferencias  de algunos gobernantes con la Iglesia, como es el caso de Antonio Guzmán Blanco. Cierta opinión del prócer cubano José Martí (1893), quien realizara crítica de arte en Venezuela para ese entonces,  pareciera apuntar en esa dirección:  "En el patio del Convento de San Francisco, que es ahora Universidad --por cuanto es bueno que se truequen en Universidades los conventos...."


Detalle de grabado, 1882 , San Cristobal (Goreing)
Por otra parte, durante el período colonial el acceso a América había estado restringido, según apunta Pérez Silva (1993) , a quienes pudieran probar que no eran judíos, gitanos o descendientes de ellos, que no hubieran sido juzgados nunca por el Tribunal del Santo Oficio, y que vinieran con un propósito claramente definido.  De este modo, al quebrantarse los vínculos con la Corona española, afluyen numerosas expediciones a Venezuela. Muchas de ellas se vieron impulsadas por las aspiraciones expansionistas de otros paises que, prospectando apoderarse de los territorios recién emancipados,  deseaban inspeccionarlos. Otras vinieron inspiradas por el interés científico  derivado del espíritu positivista de la época. En todo caso, la afluencia de estas expediciones  trajo consigo a numerosos artistas  plásticos, algunos de los cuales permanecieron en el país durante largo tiempo, y cuyo quehacer, y en muchos casos cuya labor docente, constituyeron los  modelos pictóricos a seguir. Al respecto, Daes de Ettedgui (1987) constató que Garneray, Luis García Beltrán, Mules y Lessabe se desempeñaron como docentes en la instrucción privada, y que Padroni, Arnaud Paillet, Navarro y Cañizares y Bincinetti lo hicieron en la instrucción pública. Igualmente, menciona que existen comprobadas vinculaciones entre ciertos artistas  extranjeros de la época y artistas venezolanos, a saber: Lessabe y Carmelo Fernández;  Lebau y Tovar y Tovar; Navarro y Cañizares y Herrera Toro y Manuel Cruz y, finalmente James Mudie Spence y Ramón Bolet Peraza.



A propósito de Mudie Spence, conviene que destacar que, venido al país por razones comerciales, influyó notablemente en el curso de los acontecimientos artísticos. Durante su permanencia en Venezuela formó una valiosa --y hoy perdida-- colección de obras de artistas nacionales que exhibió en la primera exposición de arte que se realizara en Venezuela, la Exposición del Café del Avila. Esta exposición tuvo lugar en 1872 y tanto el catálogo publicado para la ocasión como las notas de prensa redactadas en torno al evento constituyen valiosos documentos para analizar el pensamiento estético de la época.


Batalla de Carabobo,  Martín Tovar y Tovar
Pero quizás las más destacadas improntas en la temática del siglo XIX están relacionadas con los procesos político-militares  vividos por el país. Vilda (1993) acota que entre 1830, fecha en se separa de la Gran Colombia, y 1888, Venezuela se vería sacudida por  730 combates y 26 revoluciones de repercusión nacional. Ante esta situación, el arte se perfila como un recurso más para consolidar la República al integrar  el pueblo en nación, mediante la exaltación del espíritu nacionalista  y de la gesta emancipadora,  y mediante la explotación del sentimiento anti-español que aún prevalecía en el ambiente. En esta tendencia florece el género épico, al que González Arnal atribuye tres propósitos fundamentales: la propaganda política, la descripción visual  de los hechos históricos a modo de fotografía documental y la unificación de los venezolanos mediante la noción de identidad nacional.


Igualmente, el tema del retrato de próceres y personajes ilustres, en especial el referido a la gesta libertadora, gozará del favor del régimen guzmancista, que asumirá como sustento ideológico de su programa político el culto a los héroes de la Independencia,  muy especialmente a la figura del Libertador, con quien se compara de manera exagerada el mismo Ilustre Americano.


Estas manifestaciones convergen especialmente  es la exposición organizada con motivo  de la Conmemoración del centenario de nacimiento del Libertador, en 1883.


Las modificaciones que se operan en los procesos formativos en el arte también tendrían una decisiva repercusión  en la producción pictórica , marcada por la creación de instituciones dirigidas específicamente a la enseñanza de la plástica  y por el auspicio gubernamental  prestado a la preparación de artistas  venezolanos en el extranjero.


 A partir de 1849 la Escuela Normal de Dibujo, fundada el 21 de noviembre de 1838 por la Diputación Provincial de Caracas, con enseñanza pública y gratuita, se transforma en Academia de Bellas Artes. Fue sólo desde 1852 que el pénsum de estudios incluyó la técnica del óleo y el tema del retrato. Hasta entonces, la tradición pictórica había sido eminentemente dibujística.


En 1856  José Tadeo Monagas encarga a Martín Tovar y Tovar  una serie de copias de obras seleccionadas en los museos europeos. Ellas deberían formar parte de un Museo Nacional y servir de modelo a los pintores locales-.


Daes de Ettedgui (1987) resalta cómo el pedido de copias  revela la postura de la enseñanza artística d  la época, la cual se basaba en la imposición de modelos europeos, a través de libros y estampas,  y de los cursos de pintura que tomaban los pintores locales en las academias europeas.


Antonio Guzmán Blanco
Simultáneamente Antonio Guzmán blanco, el Ilustre Americano,  se empeña en hacer de Caracas una pequeña sucursal de París y para lograrlo necesita la colaboración de los artistas nacionales. Daes de Ettedgui señala que, en efecto, bajo sus tres periodos de gobierno,  el Septenio (1869-1877), el Quinquenio (1879-1884)  y La Aclamación (1886-1888), ya fuera en forma directa o través de los presidentes puestos por él en el poder, se preocupó por enviar a Europa a muchos jóvenes, al decir de Ramón de la Plaza "para que vueltos a la Patria implanten en ella los conocimientos adquiridos de las ciencias, las artes y las industrias".


Efectivamente, durante el breve periodo de gobierno de Ignacio Andrade, se estipularon dos premios anuales  de cuatrocientos bolívares mensuales por tres años, para cursar estudios de arte en Europa.


Sin embargo, debe aclararse que no fueron estos los primeros pintores en ir a formarse al extranjero, aunque no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XIX que el ir a Europa se convirtió en una práctica común. Boulton (1987) señala que ya desde finales del siglo XVIII la pintura había venido interesando a miembros de las clases altas de la sociedad venezolana, y que muchos jóvenes criollos de resaltante posición habían ido a formarse a la Academia de San Fernando, en Madrid.  Igualmente, Noriega (1979) indica que pintores como José Fermín Rodríguez Rendón y Juan José Franco pudieron seguir estudios en esa Academia gracias a la protección de Carlos III.  Daes de Ettedgui (1987)  señala que durante el guzmanato  el desplazamiento tendría  lugar hacia  París mayoritariamente,  con respecto a los otrora populares  viajes a Madrid y Roma.


Si se toma en consideración que la obra de arte es el reflejo y la síntesis  del contexto en que fue producida, se evidencia la importancia de analizar  este tipo de manifestaciones a fin de conocer la génesis de procesos y prácticas hodiernos. Sin duda, resta  mucho aún por explorar en el ámbito de la pintura del siglo XIX, cuya riqueza, siempre ponderada, presenta todavía muchos secretos por desentrañar.


  Referencias Bibliográficas

   Boulton, A. (1987) La Pintura en Venezuela. Caracas: Ediciones Macanao
   Daes de Ettedgui, B.(1987) Pintores y dibujantes extranjeros en el siglo XIX venezolano. Nacionalidad, permanencia y producción. Trabajo de Grado no publicado, Universidad Central de Venezuela, Caracas.
   Díaz, N. (1994) Juan Antonio Muichelena en el contexto de su época. En: Juan Antonio Michelena. Un testigo de la gloria (catálogo de la exposición homónima, pp 39-42), Caracas, Fundación Arturo Michelena
  González Arnal, M.A. (1993). la obra de artistas nacionales y extranjeros en la segunda mitad del siglo XIX. En: Escenas Típicas del arte venezolano del siglo XIX (catálogo de la exposición homónima, pp 37-78). Caracas, Galería de Arte Nacional
  Martí, J (1983). La estatua de Bolívar por el venezolano Cova. En: R.R. Castellanos (comp): Caracas en el centenario del Libertador. Caracas, Congreso de la República.
  Noriega, S. (1979) La Crítica de Arte en Venezuela. Mérida, Universidad de Los Andes, Facultad de Humanidades y Educación.
  Pérez S. Y. (1993): Presencia de artistas y cronistas extranjeros en la Venezuela decimonónica. En: Artistas y cronistas extranjeros en Venezuela.1825-1889 (catálogo de la exposición homónima, pp 11-19). Caracas, Fundación Galería de Arte Nacional.
  Vilda, C. (1983). proceso de la cultura en venezuela. Caracas, CERPE.


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