martes, 20 de mayo de 2014

La Atención Deficiente ¿un mito?

El Universal, 20 de mayo de 2014



El Trastorno de Atención Deficiente, con o sin Hiperactividad, (TDAH) es producto de una alteración del el sistema nervioso que se manifiesta en un aumento de la actividad y la impulsividad, así como en la falta de atención. Siendo una de las causas más frecuentes de fracaso escolar y de problemas sociales en la infancia, su estudio ha permitido comprender que hay muchos comportamientos que el niño no puede controlar porque subyace en ellos una causa orgánica. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha llegado a cuestionar incluso la existencia del mencionado trastorno.
La brillante María Acaso, autora del libro “rEDUvolution”, considera que no existe Trastorno de Déficit de Atención, solo niños aburridos en clase: “Desde mi punto de vista, tanto el término como su solución toman parte de un tinglado diseñado por las farmacéuticas para crear una enfermedad que no existe”, afirmaría en un polémico y documentado texto publicado en su blog, en el que se refiere al caso específico de Gordon Fisher. Pero quizá las declaraciones más escandalosas provienen de Leon Eisenberg, el psiquiatra que tipificó el TDAH, quien, siete meses antes de morir, cuando contaba ya 87 años, aseguró que “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”.


Por su parte Joseph Knobel Freud, fundador y docente de la Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes de Barcelona, España, sobrino nieto de Sigmund Freud, indica que la hiperactividad en los niños puede ser una forma de expresar lo mal que se sienten por una realidad que no comprenden y que les lastima. En su opinión, el 90% de los niños a los que se les ha prescrito medicación no están realmente afectados de TDAH. En efecto: en muchos casos resulta más cómodo recurrir a la “pastillita de portarse bien”, como la ha denominado Paulino Castells, psiquiatra y profesor titular de Psicología de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, quien ha salido al paso de estas afirmaciones en una entrevista concedida al diario español ABC, asegurando que el TDAH existe.

El Trastorno de Déficit de Atención no se debe a la mala educación proporcionada hoy día por los padres: es un trastorno relacionado con la carencia de neurotransmisores, lo que constituye la principal causa del fenómeno.

El término actual, TDAH, se introdujo en el Diagnostic and Statistical Manual de 1980, conocido por sus siglas como DSM-III, que compendia la clasificación norteamericana de enfermedades psiquiátricas. Sin embargo, ya en el DSM-II (1968) se contemplaba la “reacción hipercinética de la infancia”, a la que se añadió en los años 70 la inatención como característica.

No todas las personas que sufren TDAH tienen el mismo cuadro clínico. En algunas de ellas predominan los síntomas de inatención; en otras, los de hiperactividad e impulsividad, y en otras, ambos, lo que se conoce como TDAH combinado o mixto. Se
da más frecuentemente en varones que en niñas, y en un 30-70% de los casos persiste en la vida adulta.

No hay pruebas de que factores relacionados con la alimentación (alergias, aditivos, colorantes…) estén relacionados con el problema, así como tampoco hay indicadores de que los tratamientos basados en las restricciones dietéticas sean eficaces.

La neuroimagen constituye un recurso eficaz para detectar la mencionada carencia de neurotransmisores, pero el diagnóstico se efectúa tomando en cuenta los síntomas, sobre todo cuando se vienen arrastrando desde la primera infancia, y siempre y cuando aparezcan en todos los ambientes (no sólo en la casa o en el colegio).

En muchos casos, cursa asociado a baja autoestima y otros problemas, por lo que una situación familiar desfavorable podría agravar los síntomas, pero en ningún caso puede considerarse la causa del TDAH. Al respecto, el venezolano Ivan Carlos Malchiodi, que tiene una larguísima experiencia en el diagnóstico y tratamiento del trastorno explica: “Por supuesto: los niños deprimidos pueden mostrar desinterés por el entorno y, en consecuencia, una conducta hiperactiva o una atenciòn ineficaz. Pero es una exageración negar los aspectos biológicos asociados al problema”

La preocupación en torno al tema se justifica por el tratamiento farmacológico que se administra junto con intervenciones psicológicas y escolares. Sin embargo, el uso correcto de los medicamentos que suelen emplearse, del modo prescrito y en las dosis indicadas, no produce tolerancia ni dependencia. El doctor Malchiodi señala: “Luego de una muy detallada evaluación, si la clínica me dice que hay un déficit de atención no vinculado a ninguna otra condición, no dudo en indicar un medicamento”.
Si grave es diagnosticar a la ligera y medicar indiscriminadamente, sin cerciorarse de cuáles son las raíces del comportamiento del niño, igualmente grave es negar la existencia del TDAH, creando “una innecesaria alarma al colectivo de familias que desgraciadamente tienen algún miembro tratado por este trastorno y que ha sido, previamente, diagnosticado con toda certeza”, como señalaría el doctor Castells.

Estas declaraciones echan por tierra, además, los esfuerzos realizados por diversas organizaciones para sensibilizar a padres, profesionales de la salud, maestros, profesores, escuelas y a la sociedad en general con respecto a la necesidad de recurrir a profesionales especializados cuando se presentan ciertos comportamientos. “Con lo que ha costado para que los docentes se enteren y sepan donde enviar a estos pequeños” lamentaría el doctor Malchiodi, quien durante años ha realizado talleres con docentes bajo los auspicios de la Coordinación Regional de Salud Mental del Estado Monagas. Con la autoridad que le confiere su dilatada experiencia en el área, el doctor Malchiodi concluye: “Quien niegue la existencia del TDAH y fracase en la terapia no debe echarle la culpa a los padres o a los maestros. Debe revisar su método.”

martes, 13 de mayo de 2014

Los tacones de Evlin

El Universal, 13 de mayo de 2014


Evlin Pérez Yebaile, por Sabrina Gelman
¿Qué puede haber más seductor que unos tacones? Dicen que Manolo Blahnik, fundador de una de las casas de calzado más prestigiosas del mundo, Commander of the British Empire por su servicio a la industria de la moda británica, aseguraba: “Cuando las mujeres me preguntan qué pienso de los tacones altos, les invito a que prueben un par. Si no ven la magia, entonces deberían optar por Reeboks”.

Y de eso se trata: es magia. Cuando se sube a unos tacones, un ser humano común se transforma en una entidad sensual y sugerente. El escultor Bernard Figueroa, también diseñador de calzado, expresaría: “Entre el talón de una mujer y el suelo, hay tanto espacio que se desea...”


Y es que hablar de tacones, en fin, es hablar de mujeres. Por eso cuando Evlin Pérez Yebaile profiere el “Por mis tacones” que la ha hecho célebre, está claro desde qué perspectiva está hablando y cómo se posiciona para escribir el blog que cuenta con más de 100.000 visitas y tiene más de 20.000 seguidores en Facebook.

El éxito de “Por mis tacones”, radica quizá en que gira alrededor de un tema que nos concierne a todos, las relaciones sentimentales, tratado con la especial sensibilidad de su autora, quien hace gala además de un innegable sentido del humor. “He pasado por variopintas experiencias, he vivido muy de cerca las situaciones sentimentales de otras amigas, he leído mucho sobre el tema y sentí que era interesante tener un lugar donde compartirlo”, diría quien ha terminado por distinguirse como “la taconera mayor”.

El blog gira, en particular, sobre el modo de enfocar las relaciones, las fallidas y las que están por venir, analizando cómo se posicionan las féminas de cara al príncipe no tan azul y procurando desdramatizar los aspectos más tormentosos del romance: “¿Para qué escribo este blog? Para compartir con mis amigas, conocidas y aún desconocidas sobre las relaciones, las preguntas y las respuestas que algunas veces no encontramos. Quiero contar mis historias, quiero regalarles este espacio donde no puede faltar el buen humor, el hablar claramente y el mostrarnos tal y como somos: bellas, deseables y valiosas”


Pero uno de los frutos más entrañables del taconeo de Evlin Pérez Yebaile se encuentra en el monólogo “¡Qué desamor, mi amor!” en el que la autora vuelca las emociones experimentadas en una noche de despecho (literalmente: lo escribió en una sola noche) y en el que analiza descarnadamente las ocho etapas por las que se atraviesa desde la ruptura hasta la recuperación emocional, eso sí, en clave de humor.


El espectáculo, en el que Evlin despliega sus talentos de narradora oral, actriz y cantante, estuvo presentándose en el Teatro Bar de Caracas durante el pasado mes de diciembre a sala llena, y se ofrecerá en Madrid la próxima semana en el céntrico local Caña y Come, donde han convergido últimamente diversas propuestas escénicas llevadas adelante por venezolanos.

En el monólogo van insertándose, además, diferentes temas musicales entre los que destaca “Me borraré”, de Ignacio Izcaray Yépez, uno de los más connotados compositores de la música venezolana contemporánea, hoy en día radicado en España.

Quienes acuden a las representaciones de “¡Qué desamor, mi amor!” revelan cómo atraviesan por las más diversas emociones a lo largo del espectáculo en el que Evlin desnuda el alma de una mujer tal vez herida, pero consciente de su responsabilidad en el proceso de recuperación y que, tras la ruptura, se seca las lágrimas y reemprende la vida con renovados bríos y sin perder ni un ápice de su sensibilidad.

sábado, 3 de mayo de 2014

Cintia Daniela Suárez y Mamá Antula

El Universal, 29 de abril de 2014


La polémica canonización de los Papas Juan Pablo II y Juan XXIII, que tuvo lugar este domingo 27 de abril, nos invita a revisar otras causas que se encuentran en proceso, particularmente en el ámbito latinoamericano.

El jueves 2 de julio de 2010 la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos, con la aprobación del Papa Benedicto XVI, proclamó “Venerable” a la Sierva de Dios María Antonia de Paz y Figueroa, una religiosa argentina, mejor conocida como “Mamá Antula”.

Cintia Daniela Suárez, periodista santiagueña especializada en el área de la Espiritualidad en la televisión, ha explorado la trayectoria vital de Mamá Antula a través de un ensayo titulado “¿Es solo una cuestión de género?” El texto, integrado en el libro “ Paralelos literarios y culturales II”, publicado por Editorial Almaluz, establece además las afinidades que vinculan al personaje con otras dos mujeres atípicas: Juana de Austria y María Remedios del Valle.

Cintia explica que “Antula” es el nombre que se da en lengua quechua a las Antonias. El hecho de que la religiosa haya sido conocida a través del tiempo como “Mamá Antula” revela tanto su proximidad a las humildes comunidades indígenas, como la bondad que la caracterizaba y que hacía que fuera percibida como una figura maternal.

El eje central de la vida de Mamá Antula fue la difusión y organización de una práctica promovida por los jesuitas con el fin de “buscar y hallar la voluntad divina”, según expresara el propio Ignacio de Loyola: los Ejercicios Espirituales. La joven permaneció vinculada a la Compañía de Jesús a lo largo de toda su vida. A los 15 años entró a formar parte de un grupo de laicas que colaboraba con los jesuitas en la organización de los ejercicios espirituales, y, cuando fueron expulsados del país en 1767, prosiguió su relación con ellos por correspondencia. Sus cartas, que, según se dice, eran traducidas al latín, francés, inglés y alemán, eran enviadas a distintas naciones, donde surtieron una importante influencia en la reforma de diversas comunidades religiosas.

Tras la expulsión de los jesuitas, Mamá Antula asumió la responsabilidad de continuar con la organización de los ejercicios espirituales, al principio en su Santiago natal, y más tarde en Córdoba y Buenos Aires. La religiosa, que se desplazaba siempre a pie, descalza y sin equipaje, hubo de vencer muchos prejuicios. El obispo bonaerense, quien a la postre resultaría su aliado, la recibió con desconfianza a su llegada a una ciudad en la que se dice que fue tratada “de loca, borracha, fanática y hasta de bruja”. Así mismo, Juan José de Vértiz y Salcedo, el virrey, la adversaría en razón de su proximidad a la Compañía de Jesús.

No obstante, una carta enviada al Papa en 1784 reseñaba cómo cerca de quince mil personas habrían participado en ejercicios espirituales durante los cuatro años en los que se habían realizado en Buenos Aires, sin que se les hubiera cobrado ni un céntimo “por diez días de su estadía y abundante manutención”.

Los restos de Mamá Antula descansan en la Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad en Buenos Aires. Falleció el 7 de marzo de 1799, pero antes fundaría la Casa de Ejercicios Espirituales, que todavía hoy existe y permanece activa, al tiempo que el grupo de mujeres que la acompañaba se transformó en una congregación religiosa, que sigue desarrollando tareas apostólicas en varias provincias argentinas.

El Papa Francisco, obviamente, simpatiza con la idea de su canonización. Existe un registro de prodigios que tuvieron lugar ya en vida de la santa. La bilocación, curaciones inexplicables, la domesticación de una fiera, apariciones y otros milagros que le han sido atribuidos avalan la causa que se inició en 1905.

El proceso se prolonga inexplicablemente, como el del propio José Gregorio Hernández, sin que ello obre en desmedro de las virtudes que ambos personajes tuvieron en vida y que sirven de modelo a los católicos contemporáneos.


viernes, 25 de abril de 2014

Gabriela sueña

A propósito del diario onírico de Gabriela Olivo de Alba: Ojo de la Cerradura. Caracas, Editorial Lector Cómplice, 27 de abril de 2014

Gabriela sueña. Por suerte. Y tiene la generosidad de soñar junto a otros.

Poco importa para qué, porque, al fin y al cabo, lo relevante es la capacidad de soñar, voluntaria o involuntariamente; la capacidad de generar una idea que puede evolucionar en cualquier dirección, libre de toda limitación espacio-temporal y ajena a las leyes de la lógica.


Chuang- Tse soñando ser mariposa o la mariposa soñando ser Chuang-Tse; Segismundo traspasado por la incertidumbre de estar viviendo o soñando. Da igual. ¿Qué duda cabe de que quien sueña experimenta efectivamente, física y emocionalmente, la situación soñada?


Gabriela sueña. Crea un universo de situaciones inusuales en las que se vuelca la riqueza que bulle en su interior: imágenes, recuerdos, emociones… Sus particulares fantasmas y sus regresos circulares.


Suele tratarse apenas de una imagen, del segmento de una historia en la que una Gabriela omnisciente es, al mismo tiempo, testigo y protagonista. Con la objetiva frialdad de un científico, reporta las sensaciones que registra intero y exteroceptivamente.


Gabriela sueña. Y en la narración cotidiana de sus sueños, asistimos maravillados al parto múltiple de las criaturas que exuda dentro del agua; al de un balón de fútbol de cristal de Murano con que se jugará un partido en lo alto de un tepuy; a la recuperación de aquellos que se ausentaron ya hace tiempo y a las innumerables vicisitudes que parecen impedir que efectúe un viaje, acaso a un pasado al que permanece atada por el cordón invisible de la memoria , como permanece atada a su casa, mediante el endeble vínculo de una hebra de seda que pende de su cintura, la mujer desobediente que camina por delante de ella en uno de sus episodios oníricos.


Con prolija brevedad, Gabriela relata sus sueños para que el lector transite también por ellos, de puntillas, calzado con botellas de Coca Cola que fungen de zapatos, o con zapatos que se desprenden de la punta del pie para perderse en un agujero negro….


Gabriela sueña. ¿despierta?

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martes, 15 de abril de 2014

Escocia

El Universal, 15 de abril de 2014

Gabriela mira a través de la ventana, escrutando la frialdad silenciosa de un paisaje que se extiende en franjas, como los registros de un iconostasio. Más allá de la primera orilla, gris y urbana, la verde superficie del campo alcanza la frontera de un mar desdibujado, más azul que el cielo azul bajo el que yace.

La quietud horizontal de la visión remite a una postal, a una instantánea, en donde todo permanece inmóvil, inaccesible tras el brillo pegajoso de la emulsión que recubre el papel fotográfico.

Y allí está ella: superpuesta, ajena, impropia, recortándose contra la imagen helada, como una calcomanía adherida a un fondo extraño y aleatorio.

Comenzó así también su deambular por la vida, incapaz de fundirse con la vulgaridad cotidiana del entorno.

-Es pelirroja, musitó con asombro la rotunda humanidad de la mucama.

-Es pelirroja, susurró la anciana, al reconocer la lechosa fisonomía de sus ancestros.

-Parece un Hans Holbein, sentenció el erudito, penetrado por el colorido desigual de la paleta que entintaba el fenotipo irrepetible de la niña.

Y así supo ella, desde el primer momento, que era diferente, y aprendió a contemplar el mundo recluida en la verde transparencia de su mirada de aceituna.

La luz que emana de sus ojos es lo único que rescalda su gélida apariencia de entidad de las aguas. Blancura de magnolia, anda como sin tocar el suelo, deslizándose, mitad pez y mitad
bailarina, rodeada de un halo neutral e inexpresivo. La tez transparente, pegada a los pómulos, resplandece nacarada con palidez de ondina.

Está lejos de casa.

Seis tramos de pisadas mitigadas por la suela de goma de sus zapatos adolescentes la separan de la ciudad. Al llegar al primer rellano alcanza a oír, atemperados por la gruesa puerta de madera, las escalas que ejecuta sobre el piano uno de los vecinos del edificio en que habita.

Dos descansillos más y atraviesa el portal. La calle se le antoja el cauce por el que discurre la ciudad como un río, como una entidad viviente que va cambiando de rostro y se ofrece diferente y nueva desde cada escaparate. Gabriela recorre la acera-costa, vadeando la ribera de piedra gris que delimita la calzada a cada lado, y que se eleva dibujando contra el horizonte un perfil zigzagueante, merced a los tejados a dos aguas.

Como una sombra, lleva tras de sí la informe llamarada de su melena roja: ora péndulo, ora cascada… El viento experimenta, dibujando en torno a su cabeza, semihundida en la bufanda color granate, diferentes peinados. Como si dotados de viva propia estuvieran, se ensortijan caprichosamente aquí y allá los brazos flexibles de la enredadera de cobre que enmarca su rostro preocupado.

Un examen más. Un sólo examen más y podrá regresar a casa.

Jugárselo todo a una sola carta: las horas de silencio, la falta del abrazo; las interminables jornadas en una biblioteca que desentona con el vetusto edificio que la aloja.

Su breve anatomía parece todavía más enjuta en contraste con la magnificencia del MacEwan Hall: la belleza del recinto impone. Levanta la cabeza y su mirada vacila ante la luz tamizada que penetra desde la cúpula a través de la linterna. El esplendoroso edificio, sobredimensionado por el pánico, resulta amenazador.
Con la pluma en la mano, va invocando los nombres:

Milton, Ronsard, Ossian…

El tiempo apremia. El corazón late de prisa.

Mcpherson, Burns, Scott...

Noventa minutos más y todo habrá terminado: la tinta transfigura la identidad del papel y lo convierte en mapa, en hoja de ruta, en itinerario de un viaje de regreso.

Son las tres de la tarde, y todavía algún rayo de sol desdibuja las aristas de la arquitectura urbana al regresar a casa por Clerk Street. Edimburgo se presenta amable y hermosa, como antes, como siempre. Al final de la calle, la solidez contundente del Old College inspira seguridad. Y una vendedora de dulces, sumergida tras la ortogonal disposición de los bollos, atisba a través del escaparate y aventura un saludo al reconocer a la joven: bajo la cofia nevada, blanca como si también ella fuera de merengue, algún mechón cobrizo se desliza para revelar una cabellera también roja.

martes, 8 de abril de 2014

Mártires

El Universal,  8 de abril de 2014


La muerte de mi madre me ha dejado embargada de una profunda serenidad. Como pocas veces, me he sentido parte del orden perfecto de la naturaleza de una manera ostensible.

Mi madre se fue discretamente, sin aspavientos. A sus 94 años, en su casa y rodeada de los suyos, dejó respirar lentamente y se extinguió. Ya lo esperábamos. Ya teníamos asimilado un vacío que se fue creando lentamente en la medida en que sus limitaciones la fueron excluyendo aun de prácticas cotidianas elementales, como sentarse a la mesa.

Para mí, el proceso concluyó con su fallecimiento. Lo que sucedió a continuación me es del todo ajeno, y vino determinado externamente, por las convenciones sociales.

La vida debe engendrar vida. En el ciclo esplendoroso de la naturaleza, la materia alimenta la materia. La energía fluye de unos a otros entes y la magia se perpetúa. Esa fase es la que he echado de menos: mi madre no volverá a la tierra. Sus restos permanecerán en una urna cineraria, al menos durante un tiempo. Su muerte no servirá para alimentar ninguna cosa.

Y, sintiéndome afortunada, en medio de todo, no he podido evitar pensar en lo que sentirán algunos ante otras muertes: muertes tempranas, anticipadas, intempestivas; muertes violentas.

Homenaje a los caidos. Plaza Callao, Madrid
Foto cortesía de Ignacio Izcaray Yépez
He pensado en aquellos que han caído durante estos días, y en sus deudos, que no tuvieron el consuelo de sostener en los últimos minutos la mano de los se marcharon; que no pudieron mirarse por última vez en sus ojos, o besar su frente para decir adiós.

He pensado en el dolor de ver mancillado el cuerpo amado, el cuerpo parido, el cuerpo cultivado con desvelo. Los han herido como si, destruyendo sus cuerpos, pudieran destruir también sus ideales…

A ellos, a sus familiares, se dirige mi palabra de condolencia y de solidaridad: duerman en paz. No ha sido en vano: sus vidas alimentan la vida y sirven de abono al sustrato del que florecerán los eternos valores de la justicia, la verdad y la paz.


martes, 1 de abril de 2014

Gabriela se va, pero se queda

El Universal, 1 de abril de 2014

Gabriela se va. Regresa a su México natal tras concluir la segunda de sus misiones como Agregado Cultural de su país en Venezuela.

Pocas personas tan indicadas como ella para desempeñar esta labor, puesto que su formación le ha permitido operar eficazmente como un puente entre ambos países, haciendo gala de su sensibilidad, su inteligencia y su don de gentes para comunicarse con todos y hacerse querer. Pero es que, además, Gabriela Olivo de Alba es ella misma artista, y vuelca en diversas manifestaciones la impronta que deja en su interior el contexto humano y material en que está inmersa.


Autorretrato (inconcluso)
Obra de Gabriela Olivo de Alba
Su hermosísima dicción revela no solo sus raíces mexicanas, sino también su condición de actriz. Su mirada brillante es capaz de percibir lo que los demás no percibimos, o percibimos con resignada indiferencia, adaptados al estado de cosas, mientras ella, a semejanza del niño de la historia de El traje nuevo del emperador, es capaz de levantar su voz para rebelarse contra situaciones que tienden a perpetuarse sin razón alguna, situaciones que acaso seamos capaces de reconocer, pero que contemplamos como si fueran naturales. Desvela pues, en sus obras, los valores y creencias que subyacen en muchas prácticas, cuestionando su validez. Prueba de ello es, por ejemplo, su participación en el proyecto “Maternidades secuestradas”, una crítica a la banalización del día de la madre. Gabriela, al verse imposibilitada para responder a la convocatoria efectuada por Mónica Mayer para acudir el 10 de mayo al Zócalo de la Ciudad de México, se hizo presente a través de una serie de fotografías que fue colgando cada día en su Facebook a lo largo del año 2012-2013. Estas imágenes, si por una parte denunciaban las múltiples formas en que la sociedad “secuestra” la maternidad, y expresaban la solidaridad de su autora para con las madres cuyos hijos permanecían desaparecidos, por otra constituían la primera incursión seria de Gabriela empleando la fotografía como medio de expresión. Se había aproximado a este lenguaje, no obstante, cuando presentó en la Caja del Centro Cultural Chacao un conjunto de tres fotografias de su hijo, Mauricio Arechavala, en las que se inspiró para realizar tres exvotos bordados sobre tela de tul.

Gabriela en "Mesa -Ser-Vida"
En su performance “Nupci@s”, que ella misma define como “una suerte de reflexión afectiva y amorosa, y al mismo tiempo una reivindicación de la decisión de vivir y estar sola-no en pareja”, Gabriela llegó vestida de novia al Palacio de Bellas Artes de México para contraer matrimonio consigo misma. Allí la aguardaba un grupo de mujeres que interpretó la marcha nupcial para acompañar su paso hasta la sala Manuel M. Ponce, en donde tendría lugar el evento.

En otra ocasión, Gabriela realizó su autofuneral celebratorio, presentado con el título de "No me llores mas".
A veces, los remanentes de sus ejecuciones se transforman ellos mismos en obras de arte, como sucedió con la instalación en que se desarrolló el proyecto “Mesa Ser-vida”, sita en El Anexo Arte Contemporáneo, en San Bernardino, en donde continuó exhibiéndose por más de un mes una vez concluido el performance.

En una imagen de Mauricio Arechavala,
para el performance "Mesa-Ser-Vida"
Porque, si bien Gabriela dejó formalmente de actuar y dirigir teatro hace muchos años, sigue concibiendo la vida como un gran escenario y disfruta creando “piezas de arte acción”, que generalmente han operado como lo que ella denomina “ritos de paso” de un lugar hacia otro. Su performance "Esta que está aquí se va... pero se queda" tuvo lugar en la casa que había ocupado durante varios años, ya vacía, para despedirse de sus amistades cuando concluyó su primera misión como Agregado Cultural, en 2002. Obsequió entonces varios objetos de su propiedad a los presentes, como una forma de quedarse entre ellos.

Ahora, cuando nuevamente vuelve a su patria, tras permanecer en Venezuela desde 2008, Gabriela acomete el proyecto “Ojo de la cerradura”, cuyo núcleo está constituido por un libro: una relación de los sueños que ha tenido en los últimos meses, meticulosamente registrados y compartidos en Facebook diariamente. En cada uno de los cien ejemplares numerados del libro, impresos por la editorial “Lector Cómplice”, la artista insertará un objeto. La presentación, a cargo de Félix Suazo, tendrá lugar en el mes de abril y contará con la intervención de la cellista Valentina García y del maestro Lorenzo Leal al piano.

“Ojo de la cerradura” es una forma más de quedarse entre nosotros, al igual que Caracas ha dejado huella ya en su vida, como lo prueban las referencias diseminadas aquí y allá a lo largo del libro: “ El Ávila amanece espléndido y yo, brutísima, soñando con aves de mal agüero”. O en otro punto: “Hoy al venir a la oficina, al dar vuelta en una calle en El Rosal, vi a un hombre de mediana edad, delgado, moreno, totalmente cubierto de un polvillo blanco, manipulando un taladro como aquel que yo tenía en mi sueño... ¿qué imágenes poblarán sus noches?”

Muy buen viaje, Gabriela. Y hasta pronto.