El Universal, 17 de marzo de 2015
“Una gran movilización a través de la música, para mostrar a los más desfavorecidos que no están solos”. Así se define el proyecto “A kiss for all the world” , que contempla la gira de la Orquesta Académica de Madrid, con su respectivo coro, a través de diversos puntos de Latinoamérica, África y Asia.
La primera fase del proyecto, que se desarrollará durante los meses de junio y julio, prevé interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven , declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 12 de enero de 2003, en las zonas más deprimidas de México, Colombia, Perú y Chile.
La gestión de esta iniciativa corre a cargo de un equipo conformado por Óscar Pintado, Ronald Maguiña, Luján Artola, Rafa Cobo y Santiago Requejo, respaldados por un conjunto de personajes que han aceptado sumarse al proyecto en calidad de “embajadores”. Cuentan así mismo con el apoyo de un patronato de honor del que forman parte figuras tan populares como Plácido Domingo, Luis Rojas Marcos, la baronesa Carmen Thyssen Bornemisza , Antonio Vázques Romero, Alberto de Elzaburu , Amadeo Petitbo, Antonio Garrigues y Carmen Riviriego . A la cabeza del equipo y de la Orquesta, el maestro Iñigo Pirfano.
No sorprende que sea Pirfano quien haya motorizado las acciones en este sentido, puesto que lo largo de su trayectoria ha mostrado un interés creciente en aproximar el arte a las personas, explorando particularmente el potencial que entraña la música como factor de desarrollo a través de sus libros “Ebrietas, el poder de la belleza”, “Inteligencia Musical” y “Música para leer”. Compositor, escritor, conferenciante y director de orquesta, fue galardonado con el Premio Liderazgo Joven de la Fundación Rafael del Pino en 2011.
La colaboración de un grupo de especialistas de la talla de Baruc Corazón, diseñador de modas; del escritor Mario Tascón; de Tomás Muñoz, experto en dirección de escena, escenografía e iluminación, y de Ignacio Vicens, el arquitecto que concibió el escenario móvil en el que tendrán
lugar las presentaciones, hará posible que esta experiencia tenga lugar con el más alto grado de calidad posible.
Acometer una acción de esta naturaleza puede resultar, hasta cierto punto, polémico. ¿Qué sentido tiene llevar algo inmaterial como la música a lugares carentes de los más elementales servicios?
Inspirado en la filosofía cartesiana, el proyecto parte de la idea de que las necesidades materiales del individuo deben ser atendidas, pero sin ignorar otras necesidades inherentes a la realidad del espíritu. Al respecto, una de las más recientes entradas de su blog señala: “Es preciso darse cuenta del que Arte es necesario, no porque nos ayude a vivir mejor, sino porque hace nuestra vida más digna de ser vivida; no porque sea imprescindible para la vida, sino indispensable para una vida propiamente humana”. En consecuencia, así como otras entidades se ven llamadas a satisfacer determinadas carencias, “A kiss for all the world” tiene clara la misión que está llamada a desempeñar al promover una experiencia de un impacto emocional único.
Por mi parte, mientras aguardo con interés las primeras presentaciones, no puedo dejar de considerar que esta acción no solo reviste valor desde el punto de vista del encuentro de las personas con la música, sino también como reclamo para que la atención recaiga en el hecho, aparentemente obvio, de que no solo de pan vive el hombre, y que el desarrollo máximo del potencial que cada persona trae consigo solo es posible cuando se involucran todas las dimensiones de su personalidad.
martes, 17 de marzo de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
El rostro de Venezuela
El Universal, 10 de marzo de 2015
Venezuela, puerta de entrada de América del Sur. El paraíso del Caribe. Un país para querer. Muchas han sido las consignas a través de las cuales ha querido proyectarse nuestro país de cara al mundo a través de la historia. Quizá una de las primeras concepciones promovidas podría ser aquella rubricada por Cristóbal Colón, quien, en carta dirigida a los Reyes Católicos en 1498, afirmaría: “yo muy asentado tengo en mi ánima que allí donde dije, en Tierra de Gracia, se halla el Paraíso Terrenal”.
Internacionalmente, la imagen que ha prevalecido es la del país petrolero, pujante, dotado de inmensas riquezas minerales y de una naturaleza exuberante. Más tarde, la atención se ha centrado en el proyecto político vigente y su influencia en el continente americano. Hoy en día, con certeza, existe gran expectativa respecto al curso que han de tomar los acontecimientos, y gran interés acerca de la forma en que se manejan temas como la libertad de expresión, las manifestaciones públicas y los derechos humanos.
En este sentido, dos exposiciones promovidas por venezolanos han mostrado recientemente en Europa dos visiones del país: ¿Antagónicas? ¿Complementarias?
La primera de ellas, "Expo Venezuela de verdad” se presentó recientemente en el emblemático Círculo de Bellas Artes de Madrid. Si bien el español medio siempre se ha sentido vinculado a nuestra patria, debido fundamentalmente a la colonia que el país albergara en su día y que llegó a ser la más numerosa del mundo, en la actualidad hay una creciente inquietud de cara a la fuerza que ha cobrado el partido político Podemos, en razón de lo cual se ha acentuado el interés por el modelo de gestión venezolano. De la polémica muestra, organizada con la colaboración de diversas empresas españolas, han querido reconocerse como logros el aumento de la inversión pública en salud y la aceptación de la “dación en pago”, mediante la cual un ciudadano puede resarcir a una entidad bancaria de la deuda hipotecaria que tuviera con ella mediante la entrega del inmueble hipotecado a dicha entidad, lo cual resulta especialmente atractivo en un país como España, conmocionado socialmente por los desahucios.
La otra exposición a la que quiero referirme resulta particularmente interesante. Ha sido organizada en Florencia, Italia, por un grupo de venezolanos radicados en Toscana, principalmente mujeres, que, de manera espontánea, han convergido en la conceptualización y realización del evento, que cuenta con el apoyo de las autoridades de la ciudad, particularmente celosas en lo tocante a la defensa de los derechos humanos.
“Venezuela, humor y dolor”, efectúa un recorrido, mes a mes, por los acontecimientos que han tenido lugar en el país en el último año, vistos a través de la mirada de Edo Sanabria, Rayma Suprani, Roberto Weil y Pedro León Zapata. Se trata, pues, de una lectura efectuada en clave de humor, lo cual viene también a revelar parte de la idiosincrasia y el talante del venezolano, proyectando al mismo tiempo la obra de cuatro artistas eminentes en su género.
Diversos hechos acaecidos en los principales ámbitos de la vida nacional, como la salud, la educación, la economía y la seguridad, se reseñan simultáneamente a través de una caricatura (humor) y una fotografía (dolor). El propósito es incentivar la reflexión con miras a la búsqueda de salidas pacíficas a los diversos problemas que confronta Venezuela.
La arquitecto Ingrid Matiuzzi Arce, egresada de la Universidad Simón Bolívar, asumió tanto el desarrollo del planteamiento expositivo en los espacios de la Galería Lumen como la responsabilidad de efectuar el discurso inaugural de la muestra, en el que privó una idea central: la necesidad de no permanecer ni indiferentes ni pasivos ante la realidad del propio país. Una frase en particular resulta especialmente elocuente: “Italia nos da la voz; Venezuela la carga”. Es la expresión de la necesidad de tantos que vivimos en el extranjero pero que no nos sentimos en absoluto ajenos al devenir de la nación.
Los ojos del mundo están fijos en nuestro país. ¿Cuál es su verdadero rostro? Posiblemente ambos, los reportados en ambas muestras. Y también muchos otros: los asociados al trabajo, a la
calidad humana y a la formación de tantos, dentro y fuera de casa.
Venezuela, puerta de entrada de América del Sur. El paraíso del Caribe. Un país para querer. Muchas han sido las consignas a través de las cuales ha querido proyectarse nuestro país de cara al mundo a través de la historia. Quizá una de las primeras concepciones promovidas podría ser aquella rubricada por Cristóbal Colón, quien, en carta dirigida a los Reyes Católicos en 1498, afirmaría: “yo muy asentado tengo en mi ánima que allí donde dije, en Tierra de Gracia, se halla el Paraíso Terrenal”.
Internacionalmente, la imagen que ha prevalecido es la del país petrolero, pujante, dotado de inmensas riquezas minerales y de una naturaleza exuberante. Más tarde, la atención se ha centrado en el proyecto político vigente y su influencia en el continente americano. Hoy en día, con certeza, existe gran expectativa respecto al curso que han de tomar los acontecimientos, y gran interés acerca de la forma en que se manejan temas como la libertad de expresión, las manifestaciones públicas y los derechos humanos.
En este sentido, dos exposiciones promovidas por venezolanos han mostrado recientemente en Europa dos visiones del país: ¿Antagónicas? ¿Complementarias?
La primera de ellas, "Expo Venezuela de verdad” se presentó recientemente en el emblemático Círculo de Bellas Artes de Madrid. Si bien el español medio siempre se ha sentido vinculado a nuestra patria, debido fundamentalmente a la colonia que el país albergara en su día y que llegó a ser la más numerosa del mundo, en la actualidad hay una creciente inquietud de cara a la fuerza que ha cobrado el partido político Podemos, en razón de lo cual se ha acentuado el interés por el modelo de gestión venezolano. De la polémica muestra, organizada con la colaboración de diversas empresas españolas, han querido reconocerse como logros el aumento de la inversión pública en salud y la aceptación de la “dación en pago”, mediante la cual un ciudadano puede resarcir a una entidad bancaria de la deuda hipotecaria que tuviera con ella mediante la entrega del inmueble hipotecado a dicha entidad, lo cual resulta especialmente atractivo en un país como España, conmocionado socialmente por los desahucios.
La otra exposición a la que quiero referirme resulta particularmente interesante. Ha sido organizada en Florencia, Italia, por un grupo de venezolanos radicados en Toscana, principalmente mujeres, que, de manera espontánea, han convergido en la conceptualización y realización del evento, que cuenta con el apoyo de las autoridades de la ciudad, particularmente celosas en lo tocante a la defensa de los derechos humanos.
“Venezuela, humor y dolor”, efectúa un recorrido, mes a mes, por los acontecimientos que han tenido lugar en el país en el último año, vistos a través de la mirada de Edo Sanabria, Rayma Suprani, Roberto Weil y Pedro León Zapata. Se trata, pues, de una lectura efectuada en clave de humor, lo cual viene también a revelar parte de la idiosincrasia y el talante del venezolano, proyectando al mismo tiempo la obra de cuatro artistas eminentes en su género.
Diversos hechos acaecidos en los principales ámbitos de la vida nacional, como la salud, la educación, la economía y la seguridad, se reseñan simultáneamente a través de una caricatura (humor) y una fotografía (dolor). El propósito es incentivar la reflexión con miras a la búsqueda de salidas pacíficas a los diversos problemas que confronta Venezuela.
La arquitecto Ingrid Matiuzzi Arce, egresada de la Universidad Simón Bolívar, asumió tanto el desarrollo del planteamiento expositivo en los espacios de la Galería Lumen como la responsabilidad de efectuar el discurso inaugural de la muestra, en el que privó una idea central: la necesidad de no permanecer ni indiferentes ni pasivos ante la realidad del propio país. Una frase en particular resulta especialmente elocuente: “Italia nos da la voz; Venezuela la carga”. Es la expresión de la necesidad de tantos que vivimos en el extranjero pero que no nos sentimos en absoluto ajenos al devenir de la nación.
Los ojos del mundo están fijos en nuestro país. ¿Cuál es su verdadero rostro? Posiblemente ambos, los reportados en ambas muestras. Y también muchos otros: los asociados al trabajo, a la
calidad humana y a la formación de tantos, dentro y fuera de casa.
martes, 3 de marzo de 2015
Los hijos infinitos
El Universal, 3 de marzo de 2015
Un estudiante fallece en un liceo de Macarao tras ganar una pelea, cuando su contrincante regresa con otro sujeto armado que le dispara en la cabeza; dos jóvenes de 21 y 22 años, respectivamente, aparecen muertos en un callejón de Catia y queda en pie la duda de si fueron víctimas del hampa común o si se trata de una represalia por su eventual participación en actos de protesta política; la investigadora Carla Villamedina indica que en el país se registran al mes, en promedio, 76 muertes de menores de edad, un aproximado de dos asesinatos por día, mientras el Cecodap trae a colación un informe estadístico según el cual, durante el año pasado, fueron asesinados en Venezuela 912 niños y adolescentes, de los cuales 126 murieron a manos de efectivos policiales o militares.
Ese es el panorama que describe la prensa de los últimos días.
Ya decía Andrés Eloy Blanco, en su conocido poema “Los hijos infinitos”, que cuando se tienen dos hijos, se tienen todos los hijos de la tierra. En esta oportunidad los que cayeron no fueron los míos: no sé si caerán en la próxima. Lo que sí sé es que me resulta fácil imaginar cómo se sienten las madres de esos jóvenes ahora ausentes.
Las cifras alertan. Es preciso preguntarnos qué es lo que estamos haciendo mal.
Para empezar, advienen a un medio lleno de violencia, de un odio y una precariedad que se gestaron mucho antes de que ellos llegaran. Así pues, esa es la primera herencia que reciben, y su primer reto es decidir cómo enfrentar ese contexto en el que se encuentran inmersos.
¡Qué línea tan frágil entre lo temerario y lo razonable, entre la prudencia y el miedo!
Quienes ahora tienen veinte años crecieron junto a los maestros que nos formamos en la consigna de que la Educación en Venezuela procuraba “el logro de un hombre sano, culto, critico (…) capaz de participar activa, consciente y solidariamente en los procesos de transformación social”, según exponía el artículo 3 de la Ley orgánica de Educación de 1980, principios que pervivían en la Ley de 2009, según la cual se perseguía promover la “participación activa, consciente, protagónica,
responsable y solidaria, comprometida con los procesos de transformación social …” (artículo 15)
Esto es: los educamos para observar objetivamente cuanto les circundaba y para rebelarse contra lo inadmisible, suponiendo que el sistema democrático así lo permitía, y más aún, así lo demandaba. La pregunta es si les enseñamos cómo hacerlo adecuadamente y si efectivamente el medio admite este tipo de comportamientos. Quizá estimulándolos a ponerse en pie los transformamos en carne de cañón, ni más ni menos.
La alternativa no es, a todas luces, pedir que contemplen pasiva y resignadamente cuanto sucede a su alrededor, sino estimular el uso de mecanismos que trasciendan la protesta callejera, exigir el respeto a la integridad física de nuestros jóvenes y reclamar responsabilidades a quienes, de manera desproporcionada y en contra de lo que establecen nuestra Constitución y nuestras leyes, hagan uso de la fuerza, al tiempo que velamos por que se garanticen los derechos ciudadanos y concretamente, la libertad de expresión. No me refiero específicamente a quienes portan uniforme: resulta casi más preocupante la existencia de grupos civiles armados que pretenden sofocar cualquier expresión que no se ajuste a la línea de pensamiento que defienden, lo que pareciera revelar la encubierta simiente de una posible guerra civil.
Esto en cuanto a lo que concierne a los aspectos políticos de la situación. Pero, en un ámbito más humano, sigue despertando consternación la hostilidad y el uso de la fuerza bruta para amedrentar y conseguir los propios objetivos. Es incontenible la violencia. Y es el producto de un medio en el que privan la ley del más fuerte, la impunidad , la desigualdad social, el resentimiento y un incipiente odio de clases.
El panorama resulta desolador. No se avizora solución a corto plazo en tanto no se hagan efectivos los mecanismos destinados a garantizar el respeto a la persona y se siga confundiendo libertad de expresión con violencia, justicia con victoria de los propios intereses y tolerancia con cobardía.
La educación, siempre, la última esperanza. Del resto, nos queda “todo el miedo del planeta/ todo el miedo a los hombres luminosos/que quieren asesinar la luz y arriar las velas”
Un estudiante fallece en un liceo de Macarao tras ganar una pelea, cuando su contrincante regresa con otro sujeto armado que le dispara en la cabeza; dos jóvenes de 21 y 22 años, respectivamente, aparecen muertos en un callejón de Catia y queda en pie la duda de si fueron víctimas del hampa común o si se trata de una represalia por su eventual participación en actos de protesta política; la investigadora Carla Villamedina indica que en el país se registran al mes, en promedio, 76 muertes de menores de edad, un aproximado de dos asesinatos por día, mientras el Cecodap trae a colación un informe estadístico según el cual, durante el año pasado, fueron asesinados en Venezuela 912 niños y adolescentes, de los cuales 126 murieron a manos de efectivos policiales o militares.
Ese es el panorama que describe la prensa de los últimos días.
Ya decía Andrés Eloy Blanco, en su conocido poema “Los hijos infinitos”, que cuando se tienen dos hijos, se tienen todos los hijos de la tierra. En esta oportunidad los que cayeron no fueron los míos: no sé si caerán en la próxima. Lo que sí sé es que me resulta fácil imaginar cómo se sienten las madres de esos jóvenes ahora ausentes.
Las cifras alertan. Es preciso preguntarnos qué es lo que estamos haciendo mal.
Para empezar, advienen a un medio lleno de violencia, de un odio y una precariedad que se gestaron mucho antes de que ellos llegaran. Así pues, esa es la primera herencia que reciben, y su primer reto es decidir cómo enfrentar ese contexto en el que se encuentran inmersos.
¡Qué línea tan frágil entre lo temerario y lo razonable, entre la prudencia y el miedo!
Quienes ahora tienen veinte años crecieron junto a los maestros que nos formamos en la consigna de que la Educación en Venezuela procuraba “el logro de un hombre sano, culto, critico (…) capaz de participar activa, consciente y solidariamente en los procesos de transformación social”, según exponía el artículo 3 de la Ley orgánica de Educación de 1980, principios que pervivían en la Ley de 2009, según la cual se perseguía promover la “participación activa, consciente, protagónica,
responsable y solidaria, comprometida con los procesos de transformación social …” (artículo 15)
Esto es: los educamos para observar objetivamente cuanto les circundaba y para rebelarse contra lo inadmisible, suponiendo que el sistema democrático así lo permitía, y más aún, así lo demandaba. La pregunta es si les enseñamos cómo hacerlo adecuadamente y si efectivamente el medio admite este tipo de comportamientos. Quizá estimulándolos a ponerse en pie los transformamos en carne de cañón, ni más ni menos.
La alternativa no es, a todas luces, pedir que contemplen pasiva y resignadamente cuanto sucede a su alrededor, sino estimular el uso de mecanismos que trasciendan la protesta callejera, exigir el respeto a la integridad física de nuestros jóvenes y reclamar responsabilidades a quienes, de manera desproporcionada y en contra de lo que establecen nuestra Constitución y nuestras leyes, hagan uso de la fuerza, al tiempo que velamos por que se garanticen los derechos ciudadanos y concretamente, la libertad de expresión. No me refiero específicamente a quienes portan uniforme: resulta casi más preocupante la existencia de grupos civiles armados que pretenden sofocar cualquier expresión que no se ajuste a la línea de pensamiento que defienden, lo que pareciera revelar la encubierta simiente de una posible guerra civil.
Esto en cuanto a lo que concierne a los aspectos políticos de la situación. Pero, en un ámbito más humano, sigue despertando consternación la hostilidad y el uso de la fuerza bruta para amedrentar y conseguir los propios objetivos. Es incontenible la violencia. Y es el producto de un medio en el que privan la ley del más fuerte, la impunidad , la desigualdad social, el resentimiento y un incipiente odio de clases.
El panorama resulta desolador. No se avizora solución a corto plazo en tanto no se hagan efectivos los mecanismos destinados a garantizar el respeto a la persona y se siga confundiendo libertad de expresión con violencia, justicia con victoria de los propios intereses y tolerancia con cobardía.
La educación, siempre, la última esperanza. Del resto, nos queda “todo el miedo del planeta/ todo el miedo a los hombres luminosos/que quieren asesinar la luz y arriar las velas”
martes, 24 de febrero de 2015
Adriana Gásperi, gatos ilimitados
El Universal, 24 de febrero de 2015
Gatos alados que juegan a ser mariposas y dragones, o gatos escamados que simulan ser un pez koi. Ilimitados en cuanto a número, e ilimitados por cuanto se ven libres de toda restricción inherente a su condición gatuna… Son las variaciones que desarrolla la pintora Adriana Gásperi, Agas, sobre un mismo tema, el gato, logrando imprimir a su obra el estilo inconfundible que la caracteriza.
Grandes cabezas redondas; miradas lánguidas veladas por espesos párpados semi-entornados; un iris grande y oscuro; un hociquillo apenas definido por la línea que se extiende desde el diminuto triángulo que sugiere la nariz, hasta la zona de la boca, en donde se bifurca en dos curvas, como dos bastones invertidos: los gatos de Agas se recortan sobre fondos que contrastan por su colorido, y en los que a menudo hay algún motivo que se repite. En ocasiones, este motivo remite al ambiente en el que se quiere contextualizar al protagonista, como las estrellas que rodean a su “Gato cósmico”, pero otras veces se trata apenas de líneas de color que se alternan.
Los cuadros de Adriana revelan de modo inequívoco su formación como diseñador gráfico: dibujo preciso, trazo limpio, cierto grado de geometrización. Imágenes planas en las que predominan los fucsias, los turquesas, los naranjas, los violetas… una paleta fluorescente que se ofrece en parcelas yuxtapuestas, claramente delimitadas.
Hay también una influencia claramente oriental en muchos de sus cuadros, que se expresa por ejemplo en las decoraciones del pelaje, pobladas de motivos vegetales y arabescos, similares a los tatuajes de henna, como se puede observar en CATrina con hiedras; en el tercer ojo de algunos de los mininos, y hasta en los títulos, como Gato vishnuista o Gato mandala.
Esta artista, egresada del Art Institute of Fort Lauderdale, ha presentado recientemente su obra en el Ateneo del Hatillo y en la Galería Intramuros del Paseo Las Mercedes, pero además se consolida internacionalmente: en breve participará en el Cat Art Show LA 2, y hace poco fue invitada para disertar acerca de su obra y su trayectoria en Talk Center América, un proyecto de televisión interactiva de Wolzien LLC. Conducido por Diane Dimond, el programa se caracteriza por establecer contacto en vivo, vía Skype, con invitados alrededor del mundo, estimulando la participación de la audiencia a través de internet. El hecho de que Adriana haya sido seleccionada para intervenir en un programa de estas características da cuenta no solo de la calidad de su obra, sino también de su profesionalidad y desenvoltura aun en otra lengua (el inglés).
Me gustan los gatos. Me gusta la obra de Adriana. Pero sobre todo, me gusta el respeto que profesa al entorno en que está inmersa. La artista dona un porcentaje del precio de cada obra vendida a la asociación Voluntarios por los animales, con miras a financiar la esterilización de pequeños gatos callejeros. “Esterilizar es proteger”, dicen, y Adriana enfatiza la necesidad de crear conciencia acerca de la responsabilidad que tienen las personas de atender adecuadamente a sus mascotas, lo que evita el abandono y por consiguiente el maltrato de gatos y perros callejeros
El tema es menos trivial de lo que parece a primera vista. Aviva Cantor, en un texto brillante denominado The club, the yoke and the leash. What can we learn from the way a culture treats animals (La porra, el yugo y la cadena. Lo que podemos aprender de la forma en que una cultura trata a sus animales) expone cómo en la actitud hacia los animales subyace un posicionamiento que se dirige también hacia otros seres vivos: “Sus tres estrategias básicas -la porra, el yugo y la correa- operan igualmente en la opresión de las mujeres y las minorías. La estrategia de la porra es matar animales por beneficio económico, placer sádico y la “afirmación de la masculinidad”. Es la dominación por la fuerza bruta. La estrategia del yugo consiste en domesticar animales para cargar bultos o tirar de vehículos, producir huevos, lana y leche; proveer carne y pieles. Es la dominación por la esclavitud. La estrategia de la correa es amansar animales para obtener los beneficios psicológicos de la dominación directa del amo sobre la mascota. Es la dominación por el engaño”.
Así pues, si Adriana ha merecido admiración por su obra, que se proyecta con éxito internacionalmente, merece ser también reconocida por su labor en defensa de los animales, que no es más que la defensa de una perspectiva ecológica en la que el ser humano interactúa respetuosa y recíprocamente con las otras especies que comparten el planeta con él.
Grandes cabezas redondas; miradas lánguidas veladas por espesos párpados semi-entornados; un iris grande y oscuro; un hociquillo apenas definido por la línea que se extiende desde el diminuto triángulo que sugiere la nariz, hasta la zona de la boca, en donde se bifurca en dos curvas, como dos bastones invertidos: los gatos de Agas se recortan sobre fondos que contrastan por su colorido, y en los que a menudo hay algún motivo que se repite. En ocasiones, este motivo remite al ambiente en el que se quiere contextualizar al protagonista, como las estrellas que rodean a su “Gato cósmico”, pero otras veces se trata apenas de líneas de color que se alternan.
Hay también una influencia claramente oriental en muchos de sus cuadros, que se expresa por ejemplo en las decoraciones del pelaje, pobladas de motivos vegetales y arabescos, similares a los tatuajes de henna, como se puede observar en CATrina con hiedras; en el tercer ojo de algunos de los mininos, y hasta en los títulos, como Gato vishnuista o Gato mandala.
Esta artista, egresada del Art Institute of Fort Lauderdale, ha presentado recientemente su obra en el Ateneo del Hatillo y en la Galería Intramuros del Paseo Las Mercedes, pero además se consolida internacionalmente: en breve participará en el Cat Art Show LA 2, y hace poco fue invitada para disertar acerca de su obra y su trayectoria en Talk Center América, un proyecto de televisión interactiva de Wolzien LLC. Conducido por Diane Dimond, el programa se caracteriza por establecer contacto en vivo, vía Skype, con invitados alrededor del mundo, estimulando la participación de la audiencia a través de internet. El hecho de que Adriana haya sido seleccionada para intervenir en un programa de estas características da cuenta no solo de la calidad de su obra, sino también de su profesionalidad y desenvoltura aun en otra lengua (el inglés).
Me gustan los gatos. Me gusta la obra de Adriana. Pero sobre todo, me gusta el respeto que profesa al entorno en que está inmersa. La artista dona un porcentaje del precio de cada obra vendida a la asociación Voluntarios por los animales, con miras a financiar la esterilización de pequeños gatos callejeros. “Esterilizar es proteger”, dicen, y Adriana enfatiza la necesidad de crear conciencia acerca de la responsabilidad que tienen las personas de atender adecuadamente a sus mascotas, lo que evita el abandono y por consiguiente el maltrato de gatos y perros callejeros
El tema es menos trivial de lo que parece a primera vista. Aviva Cantor, en un texto brillante denominado The club, the yoke and the leash. What can we learn from the way a culture treats animals (La porra, el yugo y la cadena. Lo que podemos aprender de la forma en que una cultura trata a sus animales) expone cómo en la actitud hacia los animales subyace un posicionamiento que se dirige también hacia otros seres vivos: “Sus tres estrategias básicas -la porra, el yugo y la correa- operan igualmente en la opresión de las mujeres y las minorías. La estrategia de la porra es matar animales por beneficio económico, placer sádico y la “afirmación de la masculinidad”. Es la dominación por la fuerza bruta. La estrategia del yugo consiste en domesticar animales para cargar bultos o tirar de vehículos, producir huevos, lana y leche; proveer carne y pieles. Es la dominación por la esclavitud. La estrategia de la correa es amansar animales para obtener los beneficios psicológicos de la dominación directa del amo sobre la mascota. Es la dominación por el engaño”.
Así pues, si Adriana ha merecido admiración por su obra, que se proyecta con éxito internacionalmente, merece ser también reconocida por su labor en defensa de los animales, que no es más que la defensa de una perspectiva ecológica en la que el ser humano interactúa respetuosa y recíprocamente con las otras especies que comparten el planeta con él.
martes, 17 de febrero de 2015
Arepas en Madrid
El Universal, 17 de febrero de 2015
Durante los últimos años, Arepa Olé ha venido a ser el refugio de cuantos añoramos en Madrid este emblemático manjar nuestro. En un local no muy grande, pero estratégicamente ubicado, hemos podido disfrutar de unas deliciosas arepas.
Arepa Olé no solo ofrece diferentes delicias de la culinaria venezolana, como los tequeños, en un ambiente informal pero cuidado, sino que también es posible encontrar allí otros productos nacionales, como nuestra singular “colita”. Al mismo tiempo, ha pasado a ser una alternativa para proyectar y dar a conocer nuestra gastronomía entre los españoles. De hecho, probablemente tres son las claves en las que se ha apuntalado el éxito de Arepa Olé: el servicio a domicilio, la amabilidad en la atención, y esos detalles que resultan encantadores e introducen al público a otros productos de la oferta del local, como unos pequeños vasos de chicha servidos por cuenta de la casa entre todos los clientes. Es una gentileza, es verdad, pero también es una forma de facilitar la degustación de una especialidad de nuestra cocina.
Es el caso que, además, este pasado jueves 12 de febrero Arepa Olé pasó a ser una cadena de establecimientos operados bajo la modalidad de franquicia, Cristaliza así la iniciativa acometida por Sonsoles García-Rendueles y Edgar Rodríguez, que comenzara con la importadora “Kiosko Venezolano”, una empresa visionaria pero arriesgada, pues en aquel entonces no había tantos venezolanos en Madrid como ahora.
La inauguración de un segundo local, ubicado en las inmediaciones de la Plaza Mayor, revela la aceptación de que disfrutan las arepas en España. La clientela está conformada en
parte por la colonia venezolana y por tantos emigrantes retornados que conocen los sabores de nuestro trópico, pero también por todos quienes han ido descubriendo el placer que significa paladear este delicioso continente de maíz asociado a una diversidad de rellenos capaz de satisfacer todos los gustos. De hecho, los fundadores de Arepa Olé estiman que la clientela está conformada por españoles en un 70%.
Aumenta el número de los aficionados a la comida criolla, que penetra con éxito el mercado madrileño, y Arepa Olé está llamada a atender la creciente demanda de nuestros productos, proyectándose con fuerza como marca y como señal de identidad venezolana. La opción de la franquicia ha sido bien acogida, y de hecho la empresa se plantea cerrar el año con cinco nuevos establecimientos emplazados en Sevilla, Barcelona, Galicia y Valencia.
A la inauguración de este segundo local, mucho más amplio, con dos plantas bellamente decoradas, acudieron venezolanos tan populares como Emilio Lovera e Ivonne Reyes, así como numerosos empresarios interesados en la propuesta de la franquicia.
Arepa Olé parte de la premisa de la adaptación y, si bien aseguran que la oferta gastronómica tradicional venezolana goza de aceptación y no necesita modificaciones particulares, también han querido incorporar a su carta “la Arepa Ibérica”, que utiliza jamón serrano, tomate natural y aceite de oliva, ingredientes característicos de la cocina española. Sin embargo, la predilecta continúa siendo la reina pepeada: “no hay quien la destrone”, aseguran.
Yo disfruto descubriendo día a día las historias de personas que me resultan estimulantes por su valor, por su tesón, por su capacidad de trabajo. Ponerse en marcha, lograr metas, ya de por
sí supone abandonar nuestra zona de confort. Hacerlo en un lugar que nos resulta familiar, con todas nuestras redes de conocidos al alcance, tiene mérito. Pero acometer un proyecto desde el principio, conocer otros mercados, otras leyes, comenzar a relacionarse, y tener éxito, es aun más satisfactorio. Sonsoles y Edgar no solo han logrado concretar una idea para su beneficio personal, sino que están creando posibilidades de empleo y de inversión para otras personas. Quienes adquieran la franquicia ya no partirán de cero, sino que se beneficiarán del trabajo que Sonsoles y Edgar han adelantado, ensayando hasta descubrir un modelo que resulte adecuado y rentable.
El mensaje, como siempre, no es que hay que irse. El mensaje es que valemos, que tenemos capacidad, y que así nos lo demuestran quienes aun en el extranjero, inmersos en un medio diferente, a veces sin compañía y acaso embargados por la nostalgia, consiguen llevar a buen término lo que se proponen, mejorando el entorno que los acoge y saboreando, cómo no, el orgullo de poder decir como Sonsoles y Edgar: “Yo soy venezolano”.
Durante los últimos años, Arepa Olé ha venido a ser el refugio de cuantos añoramos en Madrid este emblemático manjar nuestro. En un local no muy grande, pero estratégicamente ubicado, hemos podido disfrutar de unas deliciosas arepas.
Arepa Olé no solo ofrece diferentes delicias de la culinaria venezolana, como los tequeños, en un ambiente informal pero cuidado, sino que también es posible encontrar allí otros productos nacionales, como nuestra singular “colita”. Al mismo tiempo, ha pasado a ser una alternativa para proyectar y dar a conocer nuestra gastronomía entre los españoles. De hecho, probablemente tres son las claves en las que se ha apuntalado el éxito de Arepa Olé: el servicio a domicilio, la amabilidad en la atención, y esos detalles que resultan encantadores e introducen al público a otros productos de la oferta del local, como unos pequeños vasos de chicha servidos por cuenta de la casa entre todos los clientes. Es una gentileza, es verdad, pero también es una forma de facilitar la degustación de una especialidad de nuestra cocina.
Es el caso que, además, este pasado jueves 12 de febrero Arepa Olé pasó a ser una cadena de establecimientos operados bajo la modalidad de franquicia, Cristaliza así la iniciativa acometida por Sonsoles García-Rendueles y Edgar Rodríguez, que comenzara con la importadora “Kiosko Venezolano”, una empresa visionaria pero arriesgada, pues en aquel entonces no había tantos venezolanos en Madrid como ahora.
La inauguración de un segundo local, ubicado en las inmediaciones de la Plaza Mayor, revela la aceptación de que disfrutan las arepas en España. La clientela está conformada en
parte por la colonia venezolana y por tantos emigrantes retornados que conocen los sabores de nuestro trópico, pero también por todos quienes han ido descubriendo el placer que significa paladear este delicioso continente de maíz asociado a una diversidad de rellenos capaz de satisfacer todos los gustos. De hecho, los fundadores de Arepa Olé estiman que la clientela está conformada por españoles en un 70%.
Aumenta el número de los aficionados a la comida criolla, que penetra con éxito el mercado madrileño, y Arepa Olé está llamada a atender la creciente demanda de nuestros productos, proyectándose con fuerza como marca y como señal de identidad venezolana. La opción de la franquicia ha sido bien acogida, y de hecho la empresa se plantea cerrar el año con cinco nuevos establecimientos emplazados en Sevilla, Barcelona, Galicia y Valencia.
A la inauguración de este segundo local, mucho más amplio, con dos plantas bellamente decoradas, acudieron venezolanos tan populares como Emilio Lovera e Ivonne Reyes, así como numerosos empresarios interesados en la propuesta de la franquicia.
Arepa Olé parte de la premisa de la adaptación y, si bien aseguran que la oferta gastronómica tradicional venezolana goza de aceptación y no necesita modificaciones particulares, también han querido incorporar a su carta “la Arepa Ibérica”, que utiliza jamón serrano, tomate natural y aceite de oliva, ingredientes característicos de la cocina española. Sin embargo, la predilecta continúa siendo la reina pepeada: “no hay quien la destrone”, aseguran.
Yo disfruto descubriendo día a día las historias de personas que me resultan estimulantes por su valor, por su tesón, por su capacidad de trabajo. Ponerse en marcha, lograr metas, ya de por
sí supone abandonar nuestra zona de confort. Hacerlo en un lugar que nos resulta familiar, con todas nuestras redes de conocidos al alcance, tiene mérito. Pero acometer un proyecto desde el principio, conocer otros mercados, otras leyes, comenzar a relacionarse, y tener éxito, es aun más satisfactorio. Sonsoles y Edgar no solo han logrado concretar una idea para su beneficio personal, sino que están creando posibilidades de empleo y de inversión para otras personas. Quienes adquieran la franquicia ya no partirán de cero, sino que se beneficiarán del trabajo que Sonsoles y Edgar han adelantado, ensayando hasta descubrir un modelo que resulte adecuado y rentable.
martes, 10 de febrero de 2015
Rumbarroco
El Universal, 10 de febrero de 2015
Ya en vísperas de San Valentín, Rumbarroco ofreció un concierto en la First Congregational Church de Cambridge, Massachusetts, con la participación de la connotada mezzo-soprano Daniela Tošić . El amor fue el hilo conductor que enlazó las piezas que integraron el programa, ninguna de las cuales fue interpretada en su versión original: todas se presentaron transformadas bajo el influjo de la música antigua y los ritmos afrolatinos.
Los venezolanos Alejandro Chávez, Carlos Sulbarán y Sergio Maestre se encuentran entre los integrantes de esta agrupación, dirigida por la también venezolana Laury Gutiérrez.
Laury, egresada en la Universidad de Indiana, cuenta con numerosos reconocimientos por su capacidad de liderazgo y sus aportes al ámbito musical. Recibió el Fellowship del Radcliffe Institute for Advanced Study de la Universidad de Harvard y fue elegida como una de las líderes femeninas de Boston. Ha sido distinguida por el gobierno norteamericano con la concesión del National Interest Waiver, mediante el cual se reconoce la contribución de ciudadanos extranjeros que “debido a su capacidad excepcional (…) benefician sustancialmente la economía nacional, la cultura, los intereses educativos o el bienestar de los Estados Unidos”.
Podría decirse que Laury dirige dos ensembles: La Donna Musicale y Rumbarroco, pero no sería exacto. En realidad, ambas agrupaciones son la cara más visible de un proyecto colectivo de investigación que atiende , en el primer caso, a la difusión, interpretación y conservación de la obra de mujeres que han compuesto música renacentista, barroca, clásica y contemporánea, y, en el segundo caso, a determinar la influencia que surte la música europea sobre la música afro-americana e indígena.
Así pues, la interpretación musical es solo una parte del trabajo que realizan ambos grupos, La Donna Musicale desde 1993, habiendo grabado ya cuatro discos que son considerados cuatro pequeños tesoros, y, másrecientemente, Rumbarroco, que presenta al público su primer CD, titulado sencillamente “Rumbarroco. Latin-Baroque Fusion”.
El disco destaca por todos sus detalles. Se presenta en un formato desplegable cuyos textos aparecen en francés, inglés y castellano. El diseño es atractivo y la impresión inobjetable. El orden de las piezas fue cuidadosamente seleccionado para llevar al público paulatinamente de unos a otros estilos, de lo más breve a lo más complejo. El sonido destaca por su equilibrio, resultado no solo de una acertada interpretación, sino de una eficiente grabación, mezcla y masterización, de las que fue responsable el francés Damien Quintard.
Pero, sobre todo, lo que traduce el disco es el cuidadoso trabajo que respalda el planteamiento mismo de estas obras y que involucra tanto el análisis previo, en el que se detectan las familiaridades, como la posterior adaptación de los temas a otros instrumentos y ritmos. No se trata simplemente de arreglos en el sentido estético-creativo: se trata de auténticas propuestas ideadas para resaltar determinados rasgos y establecer precisas conexiones.
La interpretación de música latinoamericana con instrumentos barrocos y de música barroca con instrumentos latinoamericanos es más que un divertimento: permite percibir la proximidad musical entre uno y otro continente. Más aún: evidencia cómo la música latinoamericana está preñada de elementos europeos que perviven en ella. Resultan muy interesantes las sutiles transiciones de uno a otro estilo, sin cambios abruptos, progresivamente, mientras que los temas siguen siendo absolutamente reconocibles aun interpretados en otro tiempo.
La calidad de las interpretaciones de Rumbarroco ha dado pie, por ejemplo, a que el South Florida Classical Review calificara de “estelar” el concierto que ofreciera durante el pasado mes de diciembre en la Iglesia de Santa Marta, en Miami Shores.
A Laury, que toca el cuatro, la bandola, la viola da gamba y la guitarra renacentista, se unen las voces de Camila Parías, Erika Vogel, Alma Richeh, Gerrod Pagenkopf y Brad Fugate, acompañados por los músicos Na´ama Lion (flauta); Guan-Ting Liao y Laura Gulley (violines); Janet Haas (bajo y viola da gamba); Víctor Murillo (bajo y cuatro); Ruth McKay y Margaret Angelini (clavecín); Fabián Gallón (tiple); Alejandro Chávez (guitarra barroca); Vivian Montgomery (acordeón), y Sergio Maestre, Zayra Pola , Basem Batbouta y Renato Malavasi en la percusión, al igual que Francisco Vielma, quien además toca el cuatro.
Todos ellos proceden de diferentes lugares, desde Siria hasta Taiwan, pasando por Colombia, México, Israel, Canadá, y Estados Unidos, además de la ya mencionada participación de venezolanos.
En suma, Rumbarroco está llamado a posicionarse como un referente en la música internacional, no solo por el nivel de sus músicos y de sus interpretaciones, sino por la meticulosidad de sus adaptaciones que resulta, emocionante, apasionada, y a la vez didáctica.
Ya en vísperas de San Valentín, Rumbarroco ofreció un concierto en la First Congregational Church de Cambridge, Massachusetts, con la participación de la connotada mezzo-soprano Daniela Tošić . El amor fue el hilo conductor que enlazó las piezas que integraron el programa, ninguna de las cuales fue interpretada en su versión original: todas se presentaron transformadas bajo el influjo de la música antigua y los ritmos afrolatinos.
Los venezolanos Alejandro Chávez, Carlos Sulbarán y Sergio Maestre se encuentran entre los integrantes de esta agrupación, dirigida por la también venezolana Laury Gutiérrez.
Laury, egresada en la Universidad de Indiana, cuenta con numerosos reconocimientos por su capacidad de liderazgo y sus aportes al ámbito musical. Recibió el Fellowship del Radcliffe Institute for Advanced Study de la Universidad de Harvard y fue elegida como una de las líderes femeninas de Boston. Ha sido distinguida por el gobierno norteamericano con la concesión del National Interest Waiver, mediante el cual se reconoce la contribución de ciudadanos extranjeros que “debido a su capacidad excepcional (…) benefician sustancialmente la economía nacional, la cultura, los intereses educativos o el bienestar de los Estados Unidos”.
El disco destaca por todos sus detalles. Se presenta en un formato desplegable cuyos textos aparecen en francés, inglés y castellano. El diseño es atractivo y la impresión inobjetable. El orden de las piezas fue cuidadosamente seleccionado para llevar al público paulatinamente de unos a otros estilos, de lo más breve a lo más complejo. El sonido destaca por su equilibrio, resultado no solo de una acertada interpretación, sino de una eficiente grabación, mezcla y masterización, de las que fue responsable el francés Damien Quintard.
Pero, sobre todo, lo que traduce el disco es el cuidadoso trabajo que respalda el planteamiento mismo de estas obras y que involucra tanto el análisis previo, en el que se detectan las familiaridades, como la posterior adaptación de los temas a otros instrumentos y ritmos. No se trata simplemente de arreglos en el sentido estético-creativo: se trata de auténticas propuestas ideadas para resaltar determinados rasgos y establecer precisas conexiones.
La calidad de las interpretaciones de Rumbarroco ha dado pie, por ejemplo, a que el South Florida Classical Review calificara de “estelar” el concierto que ofreciera durante el pasado mes de diciembre en la Iglesia de Santa Marta, en Miami Shores.
A Laury, que toca el cuatro, la bandola, la viola da gamba y la guitarra renacentista, se unen las voces de Camila Parías, Erika Vogel, Alma Richeh, Gerrod Pagenkopf y Brad Fugate, acompañados por los músicos Na´ama Lion (flauta); Guan-Ting Liao y Laura Gulley (violines); Janet Haas (bajo y viola da gamba); Víctor Murillo (bajo y cuatro); Ruth McKay y Margaret Angelini (clavecín); Fabián Gallón (tiple); Alejandro Chávez (guitarra barroca); Vivian Montgomery (acordeón), y Sergio Maestre, Zayra Pola , Basem Batbouta y Renato Malavasi en la percusión, al igual que Francisco Vielma, quien además toca el cuatro.
En suma, Rumbarroco está llamado a posicionarse como un referente en la música internacional, no solo por el nivel de sus músicos y de sus interpretaciones, sino por la meticulosidad de sus adaptaciones que resulta, emocionante, apasionada, y a la vez didáctica.
martes, 13 de enero de 2015
Defenderse o atacar
El Universal, 13 de enero de 2015
Me he quedado cavilando tras la masacre que tuvo lugar en París en días pasados.
La indignación común, así como la cobertura que se dio al suceso, con un impresionante despliegue massmediático, giraban en torno a ciertas premisas, absolutamente indiscutibles: la injustificable violencia ejercida contra personas indefensas; la vulneración que un acto de esta naturaleza supone contra la libertad de expresión; la desproporción entre el agravio inflingido y la reacción suscitada. De paso, siempre queda en evidencia cuán a merced estamos, como grupo, de cualquiera que decida emprender una acción terrorista.
El clamor colectivo no se hizo esperar, y con razón, dada la gravedad de los hechos. Sin embargo, y no en referencia exclusivamente a los últimos sucesos, sino en términos generales, no pude menos que pensar acerca de algunas cosas, quizá por mi condición de inmigrante en un país que, por cierto, me ha abierto los brazos y me ha concedido infinitas oportunidades.
Mi primera reflexión gira en torno a la libertad de expresión y creo que no está exenta de matices éticos. Para mí es un principio incuestionable: yo trabajo en un medio de comunicación. Pero creo que la libertad de expresión, bien entendida, supone mi derecho a expresar mis pensamientos, a promover y defender mis ideas, no a ridiculizar, vituperar o descalificar las ideas de otros. Esto no es un principio periodístico, ni político, ni legal: es un principio de honestidad y calidad humana. Yo no creo que nadie tenga derecho a señalar a alguien o mirarlo por arriba del hombro. Por otra parte, la libertad de expresión debería implicar, cuando se cuestionan los supuestos puntos débiles del adversario, el derecho a réplica, lo cual a su vez requiere tener acceso a los medios de comunicación. Sin ello, no hay igualdad posible.
Insisto: no justifico en absoluto el horror de lo acontecido, pero me parece que el asombro ante estas
reacciones equivale al desconcierto que sobreviene cuando, tras azuzar a una fiera, nos sorprende que esta nos ataque.
Exigimos para nosotros un respeto que muchas veces no somos capaces de conceder a otros…
Mi segunda reflexión gira en torno a los mecanismos que perpetúan ciertos clichés, ciertos estereotipos. Etiquetar a las personas en función de raza, credo o condición social es sin duda levantar muros, crear barreras que no contribuyen para nada a lo que es una aspiración loable: una adecuada inserción social de cuantos advienen a un medio procedentes de otro. Es difícil que las personas estén bien avenidas con su entorno cuando son hostigadas o discriminadas.
Si bien es cierto que nadie tiene por qué tolerar que vengan a la propia casa a sembrar el caos, también es verdad que los fenómenos de globalización y la migración son un hecho en estos tiempos, y que la tolerancia resulta indispensable para hacer posible la convivencia.
Este es un fenómeno que con frecuencia los venezolanos experimentarán en su propia piel en estos tiempos, cuando sean clasificados como “sudacas” o “latinos”, con los consiguientes prejuicios adheridos al concepto. Me ha explicado mi hija que esto se llama “esencialismo”: pensar que un colectivo posee unas características determinadas por su esencia o su naturaleza, por ejemplo que todos los islamistas son radicales, todas las mujeres son sensibles, todos los hombres no muestran sus sentimientos; todas las mujeres tienen instinto maternal, todos los veganos son intransigentes….
Me llevó algún tiempo comprender que defenderse no es lo mismo que atacar: defenderse es impedir que te hagan daño; atacar es ocasionar un daño a otro. Quizá habría que tener en cuenta el impacto que puede tener la educación, aquella informal, masiva, cotidiana, implícita en los medios de comunicación como estrategia para impedir que fragüen ciertos preconceptos en la cabezas de la gente, y para erradicar (defendiéndose) aquellos comportamientos que nos parezcan menos adecuados . De lo contrario, la crítica podría representar un ataque, y nos tocará atenernos aquello que con tanta razón aseveraba mi abuela: el que siembra vientos, cosechas tempestades.
Me he quedado cavilando tras la masacre que tuvo lugar en París en días pasados.
La indignación común, así como la cobertura que se dio al suceso, con un impresionante despliegue massmediático, giraban en torno a ciertas premisas, absolutamente indiscutibles: la injustificable violencia ejercida contra personas indefensas; la vulneración que un acto de esta naturaleza supone contra la libertad de expresión; la desproporción entre el agravio inflingido y la reacción suscitada. De paso, siempre queda en evidencia cuán a merced estamos, como grupo, de cualquiera que decida emprender una acción terrorista.
El clamor colectivo no se hizo esperar, y con razón, dada la gravedad de los hechos. Sin embargo, y no en referencia exclusivamente a los últimos sucesos, sino en términos generales, no pude menos que pensar acerca de algunas cosas, quizá por mi condición de inmigrante en un país que, por cierto, me ha abierto los brazos y me ha concedido infinitas oportunidades.
Mi primera reflexión gira en torno a la libertad de expresión y creo que no está exenta de matices éticos. Para mí es un principio incuestionable: yo trabajo en un medio de comunicación. Pero creo que la libertad de expresión, bien entendida, supone mi derecho a expresar mis pensamientos, a promover y defender mis ideas, no a ridiculizar, vituperar o descalificar las ideas de otros. Esto no es un principio periodístico, ni político, ni legal: es un principio de honestidad y calidad humana. Yo no creo que nadie tenga derecho a señalar a alguien o mirarlo por arriba del hombro. Por otra parte, la libertad de expresión debería implicar, cuando se cuestionan los supuestos puntos débiles del adversario, el derecho a réplica, lo cual a su vez requiere tener acceso a los medios de comunicación. Sin ello, no hay igualdad posible.
Insisto: no justifico en absoluto el horror de lo acontecido, pero me parece que el asombro ante estas
reacciones equivale al desconcierto que sobreviene cuando, tras azuzar a una fiera, nos sorprende que esta nos ataque.
Exigimos para nosotros un respeto que muchas veces no somos capaces de conceder a otros…
Mi segunda reflexión gira en torno a los mecanismos que perpetúan ciertos clichés, ciertos estereotipos. Etiquetar a las personas en función de raza, credo o condición social es sin duda levantar muros, crear barreras que no contribuyen para nada a lo que es una aspiración loable: una adecuada inserción social de cuantos advienen a un medio procedentes de otro. Es difícil que las personas estén bien avenidas con su entorno cuando son hostigadas o discriminadas.
Si bien es cierto que nadie tiene por qué tolerar que vengan a la propia casa a sembrar el caos, también es verdad que los fenómenos de globalización y la migración son un hecho en estos tiempos, y que la tolerancia resulta indispensable para hacer posible la convivencia.
Este es un fenómeno que con frecuencia los venezolanos experimentarán en su propia piel en estos tiempos, cuando sean clasificados como “sudacas” o “latinos”, con los consiguientes prejuicios adheridos al concepto. Me ha explicado mi hija que esto se llama “esencialismo”: pensar que un colectivo posee unas características determinadas por su esencia o su naturaleza, por ejemplo que todos los islamistas son radicales, todas las mujeres son sensibles, todos los hombres no muestran sus sentimientos; todas las mujeres tienen instinto maternal, todos los veganos son intransigentes….
Me llevó algún tiempo comprender que defenderse no es lo mismo que atacar: defenderse es impedir que te hagan daño; atacar es ocasionar un daño a otro. Quizá habría que tener en cuenta el impacto que puede tener la educación, aquella informal, masiva, cotidiana, implícita en los medios de comunicación como estrategia para impedir que fragüen ciertos preconceptos en la cabezas de la gente, y para erradicar (defendiéndose) aquellos comportamientos que nos parezcan menos adecuados . De lo contrario, la crítica podría representar un ataque, y nos tocará atenernos aquello que con tanta razón aseveraba mi abuela: el que siembra vientos, cosechas tempestades.
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